Desde muy temprana edad, los niños japoneses se enfrentan ya a una carrera desenfrenada por el éxito, según denunicaron los participantes de este país asiático en el congreso sobre el estrés que se celebra en Montreux. Los trastornos de esta enfermedad, por ende, los persiguen desde la más tierna infancia. Sin embargo, en otros países el panorama no es mejor.
En los niños se depositan demasiadas expectativas, que pretenden prepararlos para adaptarse al mundo competitivo que se les avecino, o bien para que sean aquello que sus mayores no pudieron lograr.
Se los obliga a aprender excesivamente pronto y también demasiadas cosas, afirman los estudiosos de los problemas de la conducta infantil. Se ha pasado de tener a los niños entre algodones a bombardearlos con información, en muchos casos indiscriminada. Los medios de comunicación transmiten imágenes de catástrofes naturales, como huracanes e inundaciones; de violencia, terrorismo y atentados, que el niño no está preparado para interpretar y asimilar.
Al no ser capaz de interponer la distancia que establece el adulto entre el acontecimiento y su situación personal, lo que hace este exceso de información con el niño es simplemente estresarlo.
Con su inocencia a cuestas debido a la temprana edad e indefensos ante la agresión, la televisión introduce a los niños pequeños en un mundo violento y competitivo que, en general, no son capaces de asimilar. Aquí entonces el rol de los padres o tutores es fundamental; hay que saber reconocer la delgada línea que existe y separa el incentivo de la presión.
Imagen: Latiendadelapergola













