
Parecería que estás llegando al borde del colapso. Desde temprano en la mañana no has parado ni un minuto; tanta prisa, tensión, responsabilidades, han afectado de verdad tu capacidad de respuesta. Enseguida seguro comenzará a dolerte la espalda, te sentirás agobiada, cansada… son los primeros toques de atención.
Muchas veces, ante una inmensa pila de tareas a realizar sobre el escritorio, pensamos que con una cargada taza de café volveremos a recargar las pilas. Pero sin embargo, ésto generalmente no puede reanimarnos, y hasta inclusive aumenta la tensión.
Algunos síntomas corporales y emocionales advierten, de manera más o menos inequívoca, acerca de la posible degeneración del estrés en enfermedad. Generalmente, serán las personas que se encuentran a su alrededor, en su entorno próximo, las que primero lo noten. Lo más conveniente es ponerse en guardia si uno comienza a padecer:
Insomnio
Fobias a ciertos lugares o situaciones
Injustificables estados de irritabilidad
Permanente estado de tensión
Obsesión ritual por la limpieza, el orden y la verificación
Agitación constante
Dolores persistentes en la espalda o el estómago
Inhibición obsesiva
Embotamiento
Si bien carecer de trabajo en estos tiempos es una razón para deprimirse y sentirse inestable, ansioso, el sobrecargarse con tareas también lo es. Esto se acentuará si vives en la ciudad; el intenso tráfico, la polución y el insoportable ruido ambiental son factores de gran peso que contribuyen al estrés.
Si a esto sumamos que nosotros mismos nos autoexigimos, cuando al borde de la locura decidimos atender el celular y manejar al mismo tiempo, es claro que desembocará en el estrés como enfermedad.
Imagen: YmiPollo













