
Los tranquilizantes nos pueden ayudar a soportar de alguna manera la angustia, pero evidentemente no a resolver nuestros problemas. Aquí vamos con un breve repaso de la historia de los llamados anti angustias o anti depresivos.
El científico austrohúngaro Leo Sternbach, nacido en el año 1918, fue uno de los que emigraron hacia los EEUU, amenazados por el III Reich. Después de catorce años de residencia en ese país, los jefes del laboratorio donde trabajaba le piden un programa de investigación tendiente a desarrollar una nueva droga tranquilizante.
“Tenía tres métodos para elegir” explicaba Sternbach, partiendo de tranquilizantes existentes; basándose en mecanismos de acción de un producto ya conocido, o trabajando en un grupo de sustancias conocidas sólo por él.
Sternbach no es médico, ni biólogo, sino un especialista en química orgánica. Se decidió, entonces, por la tercera opción. La cuestión era organizar el azar, hacer moléculas y después ver qué sucedía.
Tres años más tarde no había encontrado aún un tranquilizante efectivo. El laboratorio se puso en campaña para desechar todo preparado químico sin futuro. Sternbach sólo se quedó con una retora, bautizada Ro 5-0690, que no quería tirarla sin haberla probado.
Y un buen día los primeros resultados de los ensayos en animales revelaron un efecto de relajación muscular, una poderosa acción calmante y escasa toxicidad.
En 1960 fue autorizado en EEUU y se lanzó la primera benzodiazepina. El segundo gran producto encontrado por Sternbach fue bautizado como Valium en 1963, un nombre tan conocido hoy como el de la aspirina.
Imagen: WebdelHogar













